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Isabel Coixet

Roma/NewYork/Montolieu

28 May - 24 Jul, 2026

Tras mostrar por primera vez sus obras en el Museo Thyssen-Bornemisza, nos complace presentar ‘Roma/NYC/Montolieu’, muestra individual de Isabel Coixet en Max Estrella. La exposición presenta su producción más reciente donde la cineasta explora otro lenguaje narrativo: el collage.

‘Empecé a hacer collages porque no sabía dibujar exactamente como yo quería. Esa es la verdad, aunque suena demasiado modesta y la modestia, como el ajo ( mi único lazo de unión con Victoria Beckham) me sienta mal.
La verdad más larga es esta: hay momentos en los que la cámara pesa demasiado, el guión es una trampa, las palabras se ponen difíciles, y lo único que uno puede hacer es sentarse en el suelo con unas tijeras y atacar algo que ya existe. Recortar es un acto de violencia muy controlada. Muy civilizada. Recortas lo que te sobra del mundo y lo vuelves a pegar en un orden que no existía antes. Es, quizás, la definición menos obtusa de lo que hago siempre, en cualquier medio.
Estos collages nacieron en tres ciudades que me han tratado de maneras muy distintas.
Roma me dio luz y ruinas, esa combinación italiana de belleza y decadencia que hace que cualquier cosa que pongas encima parezca una metáfora. En Roma me costaba tirar nada. Y vivía en el Trastevere a dos pasos de Porta Portese. Todo parecía ya un collage: las capas de historia pegadas sobre más capas de historia, los carteles electorales sobre los carteles de ópera sobre el mármol del siglo II. Yo solo añadí mi propio desorden encima.
Nueva York me enseñó la velocidad. Allí recorté como quien come de pie: con urgencia, sin demasiada elegancia, con hambre. Las revistas americanas , los fragmentos magníficos de libros abandonados en las puertas de los brownstones en Park Slope, tienen una generosidad visual que no tiene ninguna otra parte del mundo —tanto color, tanta piel, tanto plástico, tanta promesa— y yo me dediqué a saquearlas sin remordimiento. Nueva York me autorizó a ser más grosera, más directa, más ruidosa. Le estoy agradecida por eso.
Montolieu es otra cosa. Montolieu es un pueblo del sur de Francia donde los libros viejos se apilan en las calles como si alguien hubiera volcado una biblioteca entera y nadie hubiera tenido prisa por recogerla. Allí los collages se volvieron más silenciosos. Más extraños. Las imágenes que encontré en Montolieu tenían ya una vida anterior muy seria —grabados botánicos, catálogos de insectos, retratos de señoras del XIX con mirada de no haber roto nunca un plato y haberlo roto todo— y yo las traté con el respeto que merecen los muertos que uno no conoce pero intuye que, de haberlos conocido, te hubieran caído bien.
No sé qué son estas piezas. Sé que puedo estar bloqueada con una de ellas un mes, mientras otras salen solas. Tengo mis dudas sobre casi todo lo que hago, y en eso, al menos, soy consistente. Lo que sí sé es que son honestos de una manera en que pocas cosas mías lo son: no pretenden nada, no tienen segundo acto, no buscan la aprobación de nadie. Son, simplemente, lo que quedó cuando paré de pensar y empecé a recortar y rehacer y recolocar y resignificar.
Entren. Miren. Y si algo les emociona, piensen que quizás era necesario.’
Isabel Coixet

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