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Marlena Kudlicka, Arturo Moya, Tomás Saraceno, Alba Triana, Zimoun

El día que el universo cambió

14 Abr - 21 Jul, 2023

 Alba Triana, Zimoun, Tomás Saraceno, Arturo Moya, Marlena Kudlicka

Max Estrella tiene el placer de presentar la exposición colectiva El día que el universo cambió, con obra de los artistas Marlena Kudlicka, Arturo Moya, Tomás Saraceno, Alba Triana y Zimoun. El título se inspira en la serie televisiva de la BBC The Day the Universe Changed. Emitida en 1985, los diez episodios escritos y presentados por el historiador científico James Burke, destacaba una serie de grandes hitos tecnológicos y científicos desde la edad media hasta el presente. La tesis central invitaba a reflexionar sobre la esencia de la realidad y su dependencia en nuestra capacidad de percepción. Esta última cambia a medida que los desarrollos tecnológicos amplían las fronteras del conocimiento, cambiando también el universo en sí mismo.

Uno de los descubrimientos que ha cambiado nuestra percepción del universo es el realizado por el telescopio espacial Plank en 2013. Fue entonces cuando la tecnología permitió detectar la presencia de ondas sonoras junto con la radiación de fondo de microondas. El CMB, en sus siglas en inglés había sido observado por primera vez en 1964 sin embargo no fue hasta cincuenta años más tarde cuando se logró registrar lo que se ha venido a llamar el ruido del universo. En el instante en que se hizo la luz tras el Bigbang también hubo sonido y no fue hasta el 2013 cuando finalmente pudimos escucharlo.

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Las obras incluidas en esta exposición interpelan al espectador para que sea consciente de las limitaciones de nuestro alcance a la hora de entender el mundo que nos rodea, tanto a nivel individual como a nivel de colectivo humano. Desde esta posición de humildad, nos invita a abrir nuestra predisposición a entender aquellas fuerzas que nos afectan, aun siendo imperceptibles o pasando inadvertidas, y reorientar los modelos de convivencia a medida que se hace más precisa nuestra percepción de la realidad.

Cuatro esculturas de Marlena Kudlicka reciben al visitante al inicio de su recorrido por esta exposición. Etiquetada como escultura lingüística, su práctica es resultado de un interés en los mecanismos del lenguaje que nos permiten compartir con otros lo que vemos. Su campo de estudio es por tanto el de la comunicación del mundo que percibimos. Dicha comunicación adopta la forma de imágenes de sonidos, es decir, palabras. Estas nunca llegan a ser exactamente los fonemas que componen la expresión hablada, hay una inevitable discrepancia al igual que sucede entre el concepto generador de una obra de arte y su concreción material. Existe así un objetivo de reconciliar el lenguaje hablado con aquel de las artes visuales. Kudlicka profundiza en el estudio del proceso de desarrollo de formas y reflexiona sobre las limitaciones técnicas que definen el equilibro entre error y precisión. Es este un discurso que evidencia el protagonismo de la tecnología a la hora de definir lo perceptible.

La tecnología es precisamente el medio del que se sirve el músico y artista sonoro Arturo Moya para articular su práctica. También es parte de esta exposición con la obra titulada Monster Game, una instalación sonora compuesta por 22 balones de fútbol cada uno de los cuales reproduce un audio cuando son pateados. Inspirada en el estudio sobre la tartamudez posteriormente conocido como Monster Study, los archivos sonoros corresponden a las entrevistas realizadas a los 22 huérfanos que fueron objeto de este estudio dirigido por el profesor de psicología Wendell Johnson, de la Universidad de Iowa en 1939. Mary Tudor, estudiante de postgrado de Johnson, sería la responsable de llevar a cabo el trabajo de campo y conducir dichas conversaciones. Estas últimas buscaban registrar el impacto del refuerzo positivo y negativo sobre la capacidad de articular el habla. Monster Game es parte de la serie “Violencias del decir”, un proyecto que reflexiona sobre la violencia en el habla y que fue subvencionado con las Ayudas a la Creación de Artes Visuales de la Comunidad de Madrid 2019. La pieza se ha realizado con la colaboración especial de la actriz Elena Anaya, quien reproduce las intervenciones de Mary Tudor.

El gesto de patear los balones para activar los audios intersecta el juego, algo en principio inocuo, con la crueldad a la que fueron sometidos estos 22 niños y niñas. Nos invita con ello a reflexionar sobre el impacto físico y los efectos de algo intangible como las ondas sonoras de nuestra voz.

Aprovechando la extensión de la duración de la exposición hasta el final de julio, se ha incorporado una nueva instalación de Arturo Moya titulada ‘Hablar no es ver’. Inspirada también en un estudio científico – de la Universidad British Columbia de Vancouver – sobre cómo somos capaces de oír a través de las huellas que deja en nuestra piel el habla del otro. La obra, compuesta por dos espejos flexibles, haría visible esa huella sonora, pero sobre nuestra propia imagen, superponiéndose con la relación que tenemos con el espejo. Este permite experimentar la extrañeza profunda de vernos fuera del propio cuerpo, en un juego en el que brevemente podemos vislumbrar, como Narciso en el estanque, la mirada del otro, pero en la paradoja de la nuestra propia.

Desde una conciencia activista de defensa del medioambiente y ubicado en unas coordenadas intelectuales donde arquitectura, ciencia y arte se intersectan, Tomás Saraceno desarrolla un discurso que busca desafiar nuestra forma de conocimiento y de percepción del mundo. Inspirado en modelos presentes en la naturaleza y en conceptos como la sostenibilidad y los procesos renovables, propone visiones alternativas del entorno que nos rodea en las que los seres humanos adopten formas de existencia más consideradas con el planeta y que en última instancia permitan la coexistencia de todos sus habitantes.

Saraceno presenta en esta muestra dos esculturas de cristal soplado tituladas Aeolic Cluster y Ibytu. Como evidencia el significado del título de la segunda, viento en idioma guaraní, ambas conectan con la conciencia de la respiración como acción común a todos los seres vivos. Así, en la tradición de esta tribu sudamericana, el viento es el aliento o la respiración de la tierra. El mero hecho de que estas esculturas sean resultado de insuflar aire nos referencia a la importancia de este elemento como uno de los pilares para la vida que nos conecta a todos y que sin embargo es objeto de desigualdades.

Dentro del ámbito del arte sonoro se encuentra también Delirious fields de Alba Triana. Esta instalación está compuesta por un conjunto de once esferas metálicas, cada una de las cuales orbita suspendida en el aire en torno a un campo magnético generado en una bobina de cobre. Un código probabilístico modula la intensidad de cada campo en tiempo real. De estas fluctuaciones y de la disposición de cada sistema —distancias entre esferas y bobinas— emerge una coreografía aparentemente azarosa caracterizada por patrones subyacentes

Cada sistema es complementado por una varilla resonante, afinada a una frecuencia ligeramente distinta de las demás. Eventualmente las esferas golpean las varillas generando delicadas superposiciones de sus resonancias y sutiles alteraciones en la sonoridad. A través del movimiento de las esferas y sus sonidos, la obra evidencia la inseparable conexión entre nuestro entorno físico tangible y las fuerzas imperceptibles que gobiernan el mundo natural.

El entorno natural y las fuerzas que lo gobiernan son también fuente de inspiración para el artista suizo Zimoun que presenta dos obras sonoras en esta exposición. Con una procedencia en el ámbito cotidiano y de tipo industrial (con una predominante presencia del cartón), el listado de materiales que componen cada obra le sirve de título. Motores de corriente continua activan una acción mecánica que produce sonido y que una vez puesta en marcha funciona libremente a modo de una performance de dichos materiales. El diseño de cada obra sirve como entorno controlado en el que el caos tiene cabida, siendo este en última instancia el que define una interacción única entre sus componentes. Zimoun define esta veta creativa como complejidad primitiva, que viene a relacionar su trabajo con los fenómenos naturales donde conviven patrones cartesianos con fuerzas aparentemente caóticas y que sólo los avances tecnológicos nos permiten entender.

Esta exposición forma parte del programa de MMMAD Festival Urbano de Arte Digital de Madrid, que cada año transforma la ciudad en la capital internacional del arte digital durante el mes de mayo, con un amplio programa de exposiciones, instalaciones, performances, talleres y encuentros.

Marlena Kudlicka, (Tomaszów Lubelski 1973) vive y trabaja en Berlín. Su obra ha sido expuesta en el Hamburger Bahnhof Museum für Gegenwart de Berlin, MACBA en Buenos Aires, Kunstmuseum Bochum, Museo de arte contemporáneo de Zagreb, Zacheta National Gallery de Varsovia, Museum of Art Lodz en Polonia, Ludwig Museum of Contemporary Art en Budapest, y Skulpturenmuseum Glaskasten Marl en Alemania, entre otros. Kudlicka es parte de la colección del CGAC, el Museum of Art Lodz y el Wroclaw Contemporary Museum en Polonia.

Arturo Moya Villén, (Albacete 1966) vive y trabaja en Madrid. Ha expuesto en el MACBA, MNCARS, IVAM, Fundació Joan Miró Barcelona, Maison de Radio France, París, Centro Cultural de España en México, Fundidora Park Monterrey, Fonoteca Nacional de México, Institut fur Neüe Musik der Hdk Berlín, State University of New York Buffalo, entre otros. Ha sido presidente de la Asociación de Música Electroacústica de España y es presidente de EX, Asociación de arte electrónico y experimental.

Tomás Saraceno (San Miguel de Tucumán, 1973) vive y trabaja en Berlín. Su obra ha sido objeto de exposiciones individuales en The Shed NY, museo Cisternerne de Copenhague, Palazzo Strozzi en Florencia, Palais de Tokyo, y Fosun Foundation Shanghai enrte las más recientes. Es parte de la colección del Moma NY, Miami Art Museum, Dallas Museum of Art, Moma San Francisco, Musée d’Art Moderne Grand-Duc Jean en Luxemburgo, Museum für Moderne Kunst en Frankfurt, Walker Art Center en Minneapolis, y el Musée d’art contemporain de Montréal, entre otros.

Alba Triana, (Bogotá 1969) vive y trabaja en Miami. Su trabajo ha sido expuesto en la bienal Némo des Arts Numériques de París, en el Centquatre-Paris, en el Lowe Art Museum | University of Miami, el International Symposium of Electronic Arts, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, y en el ArtCenter South Florida entre otros. Su obra es parte de la Colección Fundación Otazu y la colección Solo, y la Colección de Arte del Banco de la República de Colombia. Recientemente ha sido recipiente del premio de la Fundación CIFO del 2023.

Zimoun, (Berna 1977) vive y trabaja en Berna. Su obra ha sido expuesta en el Museum Haus Konstruktiv Zurich; Museum of Contemporary Art MAC Santiago de Chile; Nam June Paik Art Museum Seoul; Museo Reina Sofia; Ringling Museum of Art Florida; Mumbai City Museum; National Art Museum Beijing; LAC Museum Lugano; Museum MIS São Paulo; Muxin Art Museum Wuzhen; Taipei Fine Arts Museum; Le Centquatre Paris; Museum of Fine Arts MBAL; Kunstmuseum Bern; Blackburn Museum; Contemporary Art Museum of Estonia EKKM, entre otros.

 

 

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